Querida M.,
Descubrí que me había hecho mayor en un concierto de Negu Gorriak en la antigua sala Zeleste. Entré pronto, me coloqué en primera fila, salieron, comenzaron a tocar “Bi doberman beltz” a toda pastilla y no había acabado la canción que yo ya estaba pegado a la pared del fondo y me faltaba un zapato. La música de Fermin Muguruza me ha acompañado toda la vida, tengo casi todos sus discos en vinilo, le he visto muchas veces en concierto y alguna incluso pagando, y no dudaría en colocarlo entre los cuatro o cinco músicos de rock más influyentes a nivel nacional de los últimos 40 años. Desde que compré aquel primer disco de Kortatu su persona siempre me ha resultado irritante y su personaje una farsa. Casi al nivel de Loquillo, M., no te digo más.
Joseba Sarrionandia e Iñaki Pikabea se fugaron de la cárcel de Martutene encondidos en unos altavoces huecos que semejaban los de un concierto que se había programado para los presos de la cárcel. El concierto lo había dado el cantautor Imanol Larzábal, como si los presos no tuvieran ya bastante pena. Un buen amigo me dice que tiene canciones preciosas, pero a mí, sólo recordar su timbre de voz, me cierra los párpados. Según parece, la fuga llevaba meses preparándose a espaldas del cantante, que salió indemne.
Un año después el etarra Kubati asesinó a la antigua dirigente de la banda, Yoyes, durante unas fiestas patronales, disparándole dos veces al cuerpo y una en la cabeza, cuando ya estaba en el suelo. Yoyes, amiga personal del dirigente de ETA Txomin Iturbe Abasolo, había abandonado la organización para regresar del exilio y criar a su hijo en su pueblo, Ordizia. El niño, de tres años, estaba presente mientras tiroteaban a su madre. El alcalde del PNV suspendió las fiestas definiendo aquel acto como “totalitario y fascista” y posteriormente se aprobó una moción de condena del hecho con el acuerdo de todas las formaciones políticas excepto Herri Batasuna, cuyos miembros leyeron un manifiesto en que acusaban a Yoyes de traidora y abandonaron el pleno. En ausencia de Txomin Iturbe, la orden del asesinato la dio un nuevo líder de la banda, Pakito, como Yoyes, de Ordizia y casi de su misma edad.
Poco después del asesinato, se organizó un concierto en memoria de Yoyes con el cantautor Imanol como cabeza de cartel. Le acompañaron Txomin Artola, Amaia Zubiria y el grupo de folk Ganbara, pero ninguna de las grandes figuras de la música vasca se quiso apuntar. Una comisión de vecinos suplicó a HB que no reventara el acto y el PNV, al final, renunció a asistir. Después de aquel concierto Imanol comenzó a sufrir amenazas personales y boicots a sus actuaciones.
En 1988, Kortatu publicó su primer disco en euskera, Kolpez Kolpe. Es aún más militante de la causa que los anteriores. En el cuadernillo interior hay un pequeño texto en el que se acusa al lehendakari Ardanza de colaboracionista al tiempo que se lamenta de la muerte del verdadero presidente de Euskal Herria, Txomin Iturbe. Varias canciones del disco llevan letra de Mikel Antza, el miembro de ETA que ideó la fuga de Sarrionandia y sustituyó a Pakito en la dirección de la banda cuando éste fue detenido. También en 1988 se publicó el disco en directo de despedida del grupo, “Azken guda dantza” (última danza de guerra). En su edición original, el disco llevaba una versión de la canción “Aizkolari” en la que unos molestos pitidos impedían escuchar los gritos del público a favor de ETA. Una prueba más de la esquizofrenia de la sociedad vasca durante esos años: el técnico de sonido de ese disco fue Anjel Katarain, el hermano de Yoyes.
Ese mismo año, 1988, y en el punto exacto del asesinato de Yoyes, el cantautor Imanol realizó un segundo concierto de homenaje que acabó de condenarlo. Esta vez lo acompañaron Paco Ibáñez y José Antonio Labordeta, poco dudosos ideológicamente. Se recrudecieron las hostilidades contra él y comenzó a recibir amenazas de muerte, pintadas en su casa, destrozos en su coche y vetos continuos a actuar en cualquier actividad que tuviera algún miembro de HB detrás (que eran prácticamente todas). Un año después, se organizó en el velódromo de Anoeta un concierto de apoyo a Imanol para acabar con esa situación. Actuaron Aute, Sabina, Morente, Sisa, Krahe, Labordeta, Paco Ibáñez y muchos otros. Vascos sólo Urko y Gorka Knörr (cercanos ambos al "otro" nacionalismo), Amaya Uranga, la cantante de Mocedades, y Mikel Eizmendi, al que no tengo el gusto de conocer. La únicas grandes figuras de la cultura vasca que acudieron en apoyo de Imanol fueron el escritor Anjel lertxundi y el bertsolari Andoni Egaña. Algún otro cantautor vasco de más relevancia había anunciado su participación, pero al final no fue. Como no sé por qué, no lo nombro. Otra curiosidad: en el primer disco de Negu Gorriak hay una mezcla entre bertsolarismo y rap titulada “Bertso hop”. En ella se reproduce un dueto entre el propio Andoni Egaña y otro bertsolari llamado Peñagaricano. Para la canción se conservan los versos de Peñagaricano, pero las respuestas de Egaña son sustituidas por el rapeado de Fermin Muguruza.
Numerosos expresos de ETA hicieron un comunicado para que cesara el acoso pidiendo el fin del “pensamiento obligatorio” de la banda y ni por esas. Sólo un mes después, dos de los artistas invitados a un homenaje al antropólogo José Miguel de Barandiarán se negaron a compartir escenario con él. Como suele suceder entre los cobardes, la mayoría del resto de participantes abandonaron el lugar para no verse salpicados, quedando sólo tres, Imanol, Antton Valverde y poeta Bitoriano Gandiaga. En el año 2000 Imanol, que había pertenecido a ETA, pasado por la cárcel y se había exiliado a Francia durante el franquismo, no lo soportó más y se fue a vivir a Alicante, donde murió poco después, como el poeta.
El primer síntoma de relajación en la militancia de Fermin Muguruza lo vislumbré cuando acudió en 2008 a recibir a Arnaldo Otegi a la salida de la cárcel. Otegi había llegado a portavoz de HB después del encarcelamiento íntegro de la mesa nacional del “partido”. Desde el primer momento se vio en él un cierto aire de moderación en las costumbres, pronto alcanzó enorme popularidad y consiguió unos extraordinarios resultados electorales. La cosa se torció al salir de la cárcel los 23 miembros de aquella mesa nacional. Visto su tirón electoral lo mantuvieron en primera línea, pero los aires volvieron a ser los de siempre y le dejaron bien claro quién mandaba allí. Es en ese contexto en el que se realizó la mítica fotografía de Otegi dando un mitin bajo la lluvia tapado por el paraguas del miembro del comando Donosti Sergio Lezcano.
Otegi entró en prisión en 2007 por enaltecimiento del terrorismo y salió en 2008 convencido de que aquello tenía que acabar. Y fue entonces, y sólo entonces, cuando vi a Fermin Muguruza abrazarle al salir de la cárcel. En aquel recibimiento no había ningún miembro relevante la cúpula de la izquierda abertzale, sólo Tasio Erkizia, un histórico, aparece junto a Fermin. Desde un punto de vista simbólico sí era importante ver al lado de quién estaba. Otegi no salía de la cárcel como héroe sino como aspirante a traidor. Al año siguiente retomó las riendas del partido con la nueva estrategia y dos años después ETA anunció el abandono de la lucha armada.
En 2017 Fermin Muguruza concedió una entrevista al dirigente socialista mutilado por una bomba Eduardo Madina. En ella repitió sus letanías de siempre pero, por primera vez, reconoció lo mucho que le había impactado la muerte de Yoyes, aunque no que le pareciera mal. Actualmente se puede ver en la web de ETB un documental sobre la trayectoria de la organización Gesto por la Paz (fundada entre otros por Javier Madrazo) titulado sólo “Gesto”. En él se pueden seguir las vicisitudes terribles por las que tuvieron que pasar sus miembros que se limitaban a manifestarse en silencio cada vez que había una muerte o un secuestro fuera del bando que fuera. Se explican horribles historias de persecución y acoso por parte de los seguidores de la izquierda abertzale a muchos de sus afiliados. Llama la atención que el documental es del 2022; han tenido que pasar 11 años desde el fin de ETA para que alguien pensara en reconocer la labor de aquella gente.
Fermin Muguruza sabe todo esto. Mejor que nadie. Aparcado en su fanatismo totalitario ha mirado al cielo y ha silbado viendo morir a Yoyes, a Ryan, a Buesa, a Lluch, a las niñas que jugaban en la calle en Vic, a las amas de casa en un supermercado, a los sudamericanos que trabajaban en un aeropuerto. Él siempre ha sabido que alguien que cantaba sus canciones introducía en el buzón de una militante por la paz esquelas con las fotos de sus dos hijos con la intención de asustarla y animarla a que se fuera de su Euskal Herria. Y también silbó viendo marchar a Imanol, a Savater, a Azurmendi… Gente que en algún momento habían sido de los "suyos". Y luego de silbar, volver a fijar la mirada en el horizonte y continuar sin mirar atrás. Si él lo dice, no puedo negarle que sintiera conmoción alguna vez, no lo sé, sólo sé que nunca tuvo el valor de decirlo. Al contrario, fue el propagandista número 1 de la causa y, como buen soldado, la causa siempre estuvo por encima de las personas.
Yo no dejaré de escucharle y, de haber podido, habría ido a verlo en alguno de los conciertos de su última gira de despedida. “Akelarre antifascista” la ha llamado. Tiene mérito.
Un beso.
P.S. Kubati, después de asesinar a Yoyes, estuvo 26 años preso. Al salir, se dedicó a organizar las bienvenidas de los futuros excarcelados. Tiene mérito también.


