dilluns, 18 de març del 2013

Intolerancia


Querida M,
El mundo se ha llenado de palabras vacías. Bellas palabras a las que les gotea el significado por los huecos de las letras. La solidaridad ya no se da, se exige; la amistad se convierte en una competición por ver quién llega antes a tres mil; y la tolerancia es aquello que nos demandan los intolerantes para justificar su idea.
Intolerante no es aquel que defiende con vehemencia esa idea, ni siquiera con furia. No tienen sentido frases del tipo “eso es lo que opinas tú” porque plasman la evidencia. Por supuesto que es mi opinión, por eso la digo. Intolerante no es el que considera que los demás están equivocados, intolerante es el que cree que su idea es moralmente superior a la del otro.
La tradición nos dice que el paso primero es adquirir un conocimiento, a partir de él se forma una opinión y después de desarrolla una idea. Adquirir conocimientos se ha vuelto muy cansado, y forjarse una opinión es tontería cuando puedes ir directo a la idea. Conocimiento, opinión e idea son ahora compartimentos estancos, M., y eso hace brotar intolerantes entre el humus que nos ha dejado la adicción a las ideas; la sumisión a las ideas.
¿Por qué esto, hoy? Porque me han regalado un libro intolerante, que me ha irritado. Sabiendo lo que me gusta la cocina me han regalado un libro de Juan Eslava Galán y su hija, “Cocina sin tonterías”, se llama. Podría ser un libro interesante de cocina tradicional española (que no lo es, las recetas no están bien explicadas), pero su concepción no está a favor de nada sino en contra de todo aquel que no comulga con la idea, todo aquel que cocina “tonterías”. Manuales de cocina española con las mismas recetas hay decenas, pero no todos comienzan con un texto como éste para introducirnos en la paella: “La paella es, junto con el flamenco y los toros, el símbolo español por excelencia”. ¿De qué España, Eslava? Así nos va. Que inventen ellos.
Tiempo atrás, el mismo grupo Planeta publicó en su editorial idónea para estos casos, Temas de Hoy, otro libro gastronómico intolerante. En ese afán por paliar los éxitos de la competencia, pagó una morterada al cocinero Santi Santamaría para que escribiera un libro en el que, aparte de obviedades sobre la cocina sana, se pudiera atacar sin piedad a todos aquellos que hicieran cocina “con tonterías”. De nuevo un libro a favor de una idea y en contra del conocimiento. Santi Santamaría se embolsó el dinero a cambio de perder la amistad y el respeto de gran parte de sus colegas.
Tuve un compañero de clase que alzó la mano para explicar su afición al porno diciendo que los consumidores del género eran personas más sanas que el resto. Hace unos días leí en La Vanguardia un titular en el que una mujer que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y las sombras de Grey se venden como churros, ha sacado un libro sobre sadomasoquismo. Decía: “El sadomasoquismo fomenta la comunicación en la pareja”. La defensa de su idea no implica razonamiento, sino la inhabilitación de la del otro. Así, debo mejorar mi salud mental viendo pornografía y mi comunicación marital azotando a mi pareja.
El gran canto a la intolerancia de Temas de Hoy se publicó para contrarrestar el éxito de ventas de la competencia “Duérmete niño”, de Eduard Estivill. Se titula “Bésame mucho” y está escrito por el pediatra Carlos González. Al igual que el libro de Santamaría, basa su enganche comercial no en lo que aporta sino en lo que niega que aportan los demás. A partir de algunas argumentaciones evidentes, la comida fresca y sana es mejor, a los niños hay que quererlos mucho, se busca un coco al que sacudir como una estera , en el caso de Santamaría el resto de cocineros de su entorno y en el de González, la mayor parte de los demás pediatras y la práctica totalidad de la pedagogía mundial y, por fin, se personifica el demonio (con argumentos, por lo general, torticeros) en alguien célebre por su especialización en la materia: Ferràn Adrià y Eduard Estivill, Adrià envenena y Estivill maltrata.
Sabes M., lo que opino de Carlos González y puedes pensar que no soy objetivo al juzgarlo; pero no me molesta de él la mediocridad de sus ideas, ni siquiera discutirlas. Me molesta su sectarismo y su catadura moral, me molesta su apropiación del argumento indiscutible, me molesta que haga ver que quienes no le seguimos somos malas personas, me molesta que divida el mundo entre nosotros y ellos, y los ellos sean los malos.
Subía hace unos días por la calle donde estaba la antigua guardería de Unai y había en la pared un cartel anunciando una conferencia de Rosa Jové, una de las acólitas más destacadas de González manifiestamente contraria a las guarderías. El cartel aseguraba que la conferencia la organizaban “personas que se toman muy en serio a esos locos bajitos”. También anunciaba una conferencia de Carolina Harboe, se ve que es una especialista en kinesiología holística.
Quizás decir que te quiero ahora pueda sonar hueco. Tengo una amiga que me dijo que enviar besos que no se dan también es un acto vacío. Creo que la voy convenciendo de que no, de que aún así merecen la pena.
Mil besos.
R.
P.S. Soy un confeso admirador de Ferran Adrià, como la mayoría de personas que conocen su obra y saben cocinar. Sin embargo, siempre que he tenido que recomendar un recetario de cocina ha sido el mismo con el que yo aprendí, las 1080 recetas de Simone Ortega. Aparecen en él la mayoría de las recetas del libro de Eslava y muchas más y mucho mejor desarrolladas y sin meterse con nadie. En una de las editoriales de más prestigio del grupo Planeta, Ariel, podemos encontrar un libro extraordinario titulado “Sferificaciones y macarrones”, del catedrático de Química Claudi Mans, tratando de explicar los principios científicos en que se basa el arte de cocinar. Es un libro que no va contra nadie, sólo enseña cosas, sólo te da el conocimiento. No debería ser tan difícil.

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