dimarts, 8 de gener del 2013

El signo de los tiempos y la librería Catalònia

Querida M,
Hoy hemos sentado a Roger en un banco y hemos comenzado a abanicarlo antes de decirle que en lugar de la librería Catalònia, dentro de poco, habría un McDonalds. Después le he acariciado la cabeza y le he dado un beso en la calva, me ha parecido lo más oportuno. De todos los representantes de libros que recorren las librerías de Barcelona estaba claro que él iba a ser el más afectado. Tenía los ojos vidriosos de quien cree que este mundo no es el correcto. La que lo abanicaba era Robin, bueno, no se llama así, creo que yo soy el único que la llama así. A los dos los conocí a la vez, hace casi veinte años y todos estábamos en lugares distintos a hoy, en otras estanterías, otras editoriales, todos olíamos a libros distintos entonces.
A mí lo del McDonalds no me molesta tanto. Cuando las cosas han ido mal ha sido una broma recurrente usar los inútiles micrófonos que nos pusieron para llamarnos por megafonía como simulacro de un pedido de hamburguesas. Quien crea en la predestinación lo tiene a huevo. A mí me parece una hermosa metáfora de los tiempos que corren; si los tiempos son asquerosos, al menos las metáforas deben ser hermosas. A Roger le he dicho que merecía la pena cerrar si con eso me ahorraba sus collejas, que más de una vez me han dejado temblando, es tan fácil hacerle reír.
En aquellos tiempos en que Robin era Robin y yo ordenaba otras estanterías, solía salir cada tarde a comprar una merienda al colmado Quílez. Allí casi siempre tenían de oferta cualquier tipo de bollería o chocolate en vísperas de caducar y eso contribuyó sobremanera al ensanchamiento de mi compañera Nuri. Para alguien como yo, foráneo, aquel colmado suponía un universo paralelo, supongo que a eso se refieren los intelectuales que dicen que Barcelona se está volviendo provinciana, a esos comercios regentados por tipos vestidos con batas azules que te atienden (no esperes continuación a esta frase, acaba así, que te atienden). Y bien, si lo dice un premio Nobel debe de tener razón, las cadenas de comida rápida o las multinacionales de ropa son más cosmopolitas y rotulan como les sale de las narices.
Hace mucho que no piso el Quílez y sus fascinantes estanterías llenas de productos que no se ven en ningún otro lugar; desde que me pilla a desmano. Hoy, al salir de la saturación de llamadas telefónicas y pésames, he ido a comerme un bocadillo a la Taberna de la Ronda, otro lugar extraño, hay camareros (y esta frase también acaba aquí).
Un beso.
R.
P.S. No suelo subir textos improvisados, ya lo sabes, pero después de una semana rumiando cómo afrontar esta historia, he perdido la primicia, la novedad, y casi las ganas, esto es lo que hay, hoy.
Otro beso, M, un día como éste merece la pena repetir.

3 comentaris:

  1. Nos enteramos con la primera copa de cava del 2013 (joder como empieza el año) sin embargo siempre me acuerdo más de los libreros que de las librerías.Suerte.

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  2. Medio llena!

    Hay quien dice que cuando una puerta se cierra, otras mil se abren. Menudo capullo. A mi me parece que viene mu ho mas a cuento lo de la botella, Asiiii que me he Bebido la mitad a tu salud y ahora que queda media, nos sentimos mas cerca de ti. Un beso Bien grande.

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  3. un beso, sólo eso, pero un beso enorme

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