dijous, 7 de febrer del 2013

Las fotos y el tiempo

Querida M,
Me ha sucedido algo tan extraño que no sé si contártelo. Bueno, sí lo sé. Estaba buscando las fotos del carnaval del año pasado para enviártelas y no las encontraba. Ya estaba por desistir cuando me han llamado a la puerta. Era el cartero, me traía un paquetito en un sobre fluorescente con remitente Unai G. y matasellos de Londres, 24 de febrero de 2052.
Dentro del sobre había una pequeña nota escrita en la que Unai me decía que estaba a punto de poner un disco para su nene (el vinilo vuelve a ser el método de reproducción musical más popular) y al ir a escoger qué cuento podía contarle se ha encontrado con un libro viejísimo, con un oso en la portada, titulado “Yo”. Ha pensado que a él de pequeño ese cuento le gustaba mucho y que nunca se lo había contado a su hijo, que nació en 2048.
Al abrir el libro para explicarle la historia al nene, Unai se ha dado cuenta de que de dentro de sus páginas caía una tarjeta Sd, de ésas que se usaban antiguamente para la memoria de las cámaras fotográficas... Y le ha picado la curiosidad. Se ve que en esos años ya no se utilizan tarjetas, pero pensó que en su caja de recuerdos, junto al helicóptero rojo y a su osito de tela, tenía un lector compatible y que cortándole el cable y retocando un poco la conexión podría servirle.
Le ha puesto a su niño un vídeo de un personaje muy popular en el Londres de la época para distraerlo y ha comenzado la tarea (vale decir, perdón por la catalanada, que Londres, en el año 2052 ya no pertenece a Inglaterra, pero ésa es otra historia). Me cuenta que, cuando ha logrado leer la tarjeta en su ordenador, se le han asomado las lágrimas a los ojos. La tarjeta contenía muchas fotos suyas de bebé y de niño que creíamos perdidas.
Ha regresado al comedor a contar el cuento que tenía pendiente y se ha percatado de que tenía una dedicatoria y ha pensado que debía enviármelo. Él sabe que me acabo de jubilar y ya sólo vivo de recuerdos, así que ha pensado que me gustaría recuperar ese cuento. Ha escrito deprisa y corriendo la nota explicativa y me lo ha mandado, pero se ha quedado con la tarjeta, dice, porque la mayoría de las fotos son suyas y quiere traspasarlas a formatos nuevos.
Así que he mirado otra vez dentro del sobre y he sacado el cuento “Yo”, con su oso degradado en la portada, los bordes roídos por el tiempo y tu dedicatoria intacta, M. Por un momento me ha intrigado la posibilidad de que ese ejemplar hubiera sustituido al mío, aún nuevecito. He ido al cajón de los cuentos de Unai y no lo he visto, pero he dado un vistazo alrededor y lo he encontrado bajo su almohada, lo ha estado hojeando esta noche. Lo he abierto y he leído la dedicatoria idéntica, todo igual y he respirado tranquilo, la única diferencia son los 30 años que los separan.
Aún no comprendo muy bien cómo puedo tener dos ejemplares del mismo libro, pero no he tenido tiempo de reflexionar sobre ello, al abrirlo, de su interior, se ha deslizado la tarjeta de mi cámara que Unai ha debido esconder ahí en un momento en que yo anduviera despistado. Te adjunto las fotos.
Un beso.
R.

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